Cartas en el viento


Su nombre es Mohammad Rashid, es un refugiado palestino en Jordania que vino hace algunos años a Guatemala. Aunque lejos de su familia y su tierra natal, Rashid lleva en su sangre la esencia de esa región del Oriente Medio. De un hermano mayor, aprendió la ancestral técnica de criar y entrenar palomas mensajeras.

Estas aves, que presumen de un sentido de orientación más que excepcional, son entrenadas para encontrar el camino de regreso a casa, aunque tengan que remontar grandes distancias. Desde la antigüedad han sido confiables aliados y encargados de llevar pequeños mensajes, que notificaban victorias o derrotas en batallas importantes, las palomas mensajeras son veteranas de la Primera y Segunda Guerra mundial.

El proceso de entrenamiento inicia a las pocas semanas de haber roto el cascarón “primero logro que se acostumbren a mi presencia, que mi hogar sea su hogar. Ellas están en completa libertad de volar a donde quieran pero siempre regresan. Según pasa el tiempo las llevo a lugares cada vez más alejados de la casa y las suelto, ellas siempre encuentran el camino de regreso”. El trabajo de las palomas es posible solo en una vía, de vuelta, es por eso que para entrenarlas las distancias se van haciendo más largas gradualmente “lo mas lejos que las he soltado ha sido desde el puerto” -las playas del pacífico de Guatemala, al rededor de 100 kilómetros de recorrido-.

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